San Papá Noel, sacado de la maleza y el barro

San Papá Noel, sacado de la maleza y el barro

By / Crónicas / Tuesday, 26 December 2017 11:40

Bajo un inclemente sol que parecía anclado casi en el centro del firmamento, escuchando el rechinar de piedras sueltas en la estructura de acero de mi moto, viajaba por una solitaria vía que bordea el caño de Aguas Prietas, comunicando al municipio de Ciénaga de Oro con Chima, departamento de Córdoba.

Por momentos, de reojo divisaba a la distancia un hilillo de novillos que caminaban de un lado a otro por un potrero, el viento seco dilataba cada vez más las pupilas de mis ojos; de repente, a lo lejos pude ver algo extraño que posaba a un lado de mi camino. Sin dejar de observarle, bajé la aceleración del liviano vehículo hasta detenerme a corta distancia, lentamente descendí, y ya estando a unos cuantos pasos aún no podía identificar con claridad la clase de objeto que tenía al frente: ¡qué raro… un papá Noel!, exclamé. ¿A quién se le ocurriría colocar un papá Noel a orillas de una vía?, ¿Cómo llegó hasta aquí?, fueron interrogantes sin respuestas en aquel momento.

La extraña figura semicubierta de barro, me llevó a pensar muchas cosas, entre ellas recordar el misterioso hallazgo de los restos un cuerpo humano encontrado dentro de un ataúd aguas abajo en mismo caño, en inmediaciones del corregimiento de Corozalito. Asimismo recordé la faena de pescadores artesanales de Punta de Yánez, quienes lanzaron una atarraya desde el puente, y en vez de pescados, atraparon una motocicleta.

En medio de todas esas historias que fugazmente pasaron por mi mente, las mismas que sin lugar a dudas hacen parte de la cotidianidad del histórico macondo, alcé la cabeza para ver si alguien podría estar observándome, la giré a 360 grados, nada más que pasto seco, árboles desojados, la reverberación de la luz solar y el azul del cielo adornado hacia el horizonte con relieves de nubes blancas. Al bajar la vista nuevamente hacia aquella figura, un impulso me llevo casi que a tocarla con los dedos de mi mano derecha; pero un leve recuerdo se cruzó nuevamente por mi mente, si… fueron aquellas palabras de mi padre cuando aún era un niño que rápidamente me hicieron empuñar la mano y alejarme un poco: “Si algún día, su nariz percibe un olor en un camino, guarde silencio… no diga a que huele. Si ve algo extraño, tampoco lo toque, podría ser un maleficio para causar un mal y lo coge usted”, una y otra vez me recalcaba mi viejo.

Luego de unos minutos, cuando pensé en reanudar mi camino y dejar de lado el “Papá Noel”, producto de la imaginación los gringos (norteamericanos), me pareció escuchar voces que salían del caño, que por aquellos días la maleza y fango hacían parte de su lecho. ¿Hola alguien anda ahí?, pregunté al mismo instante en que afinaba mis oídos para escuchar respuesta. “Si compadre”, contesto alguien, a quien no podía ver por la espesa maleza.

- ¿Compadre aquí al lado de la vía encontré un papá Noel cubierto de barro, ¿fue usted quien lo sacó?, nuevamente pregunté.

- Si amigo estoy monteando hicotea, y fíjese que ha sido lo único que he encontrado. Sí a Moisés lo salvaron de las aguas, yo saqué ese papá Noel del Barro y la maleza”, respondió el cazador.

Quizás satisfecho por la respuesta, luego de obturar la cámara de mi celular, y nuevamente emprender mi viaje, un hombre de avanzada edad y cabello blanco apagó su vieja y destartalada moto al lado opuesto de la vía; levemente alzó su cabeza, tomó con la yema de los dedos el humeante tabaco que sesgadamente traía en la boca, y abriéndolo un tanto de su cuerpo me dijo: “No piense en llevárselo porque ya el pueblo sabe del hallazgo. Precisamente vine a buscarlo porque vamos a ver si lo nombramos santo patrono”.
San Papá Noel, salvado de la maleza y el barro, hasta llegué a imaginar que lo llamarían los supuestos devotos. También pensé que podía tratarse de una broma de aquel humilde
señor.

De regreso a casa, cuando el sol se hacía sentir hasta en su puesta en el ocaso, pasando por el mismo lugar mi mente se volvió a ocupar del triste destino que llevó a recorrer muchos kilómetros aguas abajo al fantasioso engaño con que las multinacionales en complicidad con la mayoría de padres, atrapan la inocencia de muchos niños. Pensé: ¿qué le pudo pasar esta vez al “Santa”, que para la imaginación de la mayoría de los niños recorre el mundo llevando regalos…?, ¿Será posible que una acaudalada familia de Ciénaga de Oro, después de vivir la navidad, lo tiró al histórico caño para deshacerse de él...?

Hoy cuando ha pasado el tiempo, y conociendo nuestra mágica realidad, es posible que los renos aparezcan pastando en la finca de un político que hace parte de esta bella sociedad.
Fin.

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